Amor

Amor

No se puede curar a un ser humano trastornado sin amor

(Julius Speer, citado en Diario de Etty Hillesum. Una vida conmocionada, Anthropos Editorial, Barcelona, 2016)

odilon-redon

Esta frase me resultó atrayente cuando la vi, aunque tenía mis dudas en cuanto al significado que se le podía dar. Finalmente, después de unas cuantas vueltas, decidí dejarla añadiendo un comentario.

Creo que el terapeuta no cura, sino que ayuda a despertar y desarrollar las fuerzas curativas del paciente.

En Gestalt, más que de curación, hablamos de restaurar la capacidad de autorregulación organísmica. Con este término, que puede sonar un tanto enrevesado, nos referimos a la confianza en la propia orientación y en el propio saber, en lugar de guiarnos por criterios que no son nuestros. Recuperar la capacidad de autorregulación tiene que ver más con identificar y quitar los obstáculos que la obstruyen que con añadir nada.

En cuanto al amor…me parecía una palabra un tanto grande para referirse a lo que ocurre en terapia. Sin embargo, sí, el amor tiene un lugar en la relación terapéutica. Y no lo digo tanto porque al paciente se le puede tomar cariño, que también, sino porque el trabajo del terapeuta requiere de mucha entrega y autoconocimiento para hacer a un lado otro tipo de obstáculos. Me estoy refiriendo al narcisismo del terapeuta. Dicho de otro modo, a la inclinación a tomarse a sí mismo como referencia, a un sentimiento de autoimportancia, cuando por inconveniente o excesivo puede interferir en la tarea que ha de realizar para el bien del paciente.

Y es que el amor y el narcisismo no caben en el mismo sitio, en ninguna relación. Únicamente cuando el terapeuta está lo bastante limpio de su propio narcisismo, la relación terapéutica puede ser curativa.

Por último, “trastornado” no tiene para mí, en este contexto, un sentido propiamente clínico, sino que lo entiendo en su acepción más común, que alude a estados de angustia, inquietud, confusión, desorganización, etc.

                                                                 Imagen: Odilon Redon, Los ojos cerrados

WhatsApp
Scroll al inicio