Terapia de pareja

A veces la pareja llega a un punto en el que las conversaciones terminan siempre igual, con la sensación de estar atrapados en un bucle que no pueden dejar de repetir. O hay distancia donde antes había cercanía, conflictos que ninguno entiende del todo, o una ruptura de confianza que ha dejado algo difícil de nombrar. Otras veces no hay una crisis clara: solo el desgaste lento, la sensación de que algo se ha ido perdiendo por el camino.

En cualquiera de estos momentos, la terapia de pareja puede ser una oportunidad valiosa. Un lugar donde detenerse juntos y mirar lo que está ocurriendo y cómo cada uno contribuye a este estado de cosas.

Detrás de los conflictos que se repiten, de la distancia que se instala, de las reacciones que desconciertan o hacen daño, suele haber necesidades que no han encontrado cómo expresarse, heridas que se reactivan en la relación, formas de relacionarse aprendidas hace mucho tiempo. Comprender esto es el primer movimiento hacia el cambio.

Trabajo desde la Terapia Gestalt, acompañando a cada uno a comprenderse mejor a sí mismo y ayudando a los dos a verse con más claridad en lo que ocurre entre ellos, para poder cambiar la forma de estar juntos. Con ambos aprendiendo a funcionar como un equipo, y con la ayuda de una mirada exterior que permita ver lo que desde dentro es difícil de ver.

Si quieres saber más

Cuando una relación atraviesa dificultades, la atención tiende a fijarse en el otro: en lo que hace, en lo que no hace, en lo que duele. Es comprensible. Pero esta mirada, aunque natural, suele estrechar el campo y dificultar la salida.

Lo que la terapia permite es ampliarla. Ver no sólo lo que ocurre, sino cómo cada uno participa en ello. Qué hay detrás de las propias reacciones y de las del otro. Qué se está intentando decir o pedir cuando las cosas se tuercen.

Porque lo que a veces parece obstinación, dramatismo o falta de interés suele responder a algo que no se conoce o no se comprende: necesidades que no han encontrado cómo expresarse, heridas antiguas que se reactivan en la relación, formas de funcionar aprendidas anteriormente, a menudo en experiencias tempranas que dejaron una huella persistente. Cuando esto se comprende —no para justificar lo que daña, sino para verlo de otra manera— algo se mueve. Y desde ahí es posible avanzar.

La Terapia Gestalt, desde la que trabajo, parte de desarrollar la capacidad de darnos cuenta de lo que sentimos, pensamos y hacemos, de cómo nos afectan las cosas, de los patrones que repetimos sin saberlo y de la propia responsabilidad en todo ello. Es un enfoque experiencial, que trabaja en contacto directo con lo que está ocurriendo en la sesión: las emociones, las tensiones, los silencios, lo que se dice y lo que no se dice. Todo ello es material de trabajo.

En la terapia de pareja, acompaño a cada uno a comprenderse mejor a sí mismo —qué siente realmente, qué necesita, qué le resulta difícil tolerar o expresar— y ayudo a los dos a verse con más claridad en la relación. Procuro que ninguno quede en el lugar del culpable ni del inocente, porque las dificultades de una pareja se construyen entre dos, y entre ambos se pueden resolver. Por eso estoy con la pareja, aportando una mirada exterior que ayude a ver lo que desde dentro es difícil de ver.

Un aspecto central de este trabajo es aprender a escucharse de verdad. No solo oír al otro, sino poder recibir lo que dice sin disparar de inmediato una reacción defensiva. Y aprender también a hablar con claridad, con honestidad, sin agredir. Esto no es sencillo. Requiere un trabajo sobre uno mismo, sobre los propios miedos y resistencias, sobre las formas habituales de relacionarse que a menudo funcionan en sentido contrario a lo que uno desea. Cuando esto se logra, aunque sea parcialmente, la relación puede cambiar.

La finalización de la terapia de pareja no significa haber resuelto todos los problemas ni todas las diferencias.  Significa, en el mejor de los casos,  haberse comprendido mejor —cada uno a sí mismo y al otro— y haber encontrado formas más honestas y más libres de estar juntos. De este modo será posible también abordar los problemas de forma acertada y convivir con las diferencias.

A veces la terapia de pareja sirve para consolidar la relación. Otras, ayuda a tomar la decisión de separarse con mayor claridad y menor sufrimiento, y lo aprendido a lo largo del proceso acompaña a cada uno en posibles relaciones futuras.

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