La Terapia Gestalt
La Terapia Gestalt concede especial importancia al desarrollo de la conciencia, pues de aquí nace la posibilidad que todos tenemos de encontrar nuestro equilibrio y una vida más plena.
Se centra en cultivar la capacidad de darnos cuenta en diferentes áreas:
lo que sentimos, pensamos y hacemos
nuestros deseos, talentos y necesidades
nuestra forma de funcionar y de estar en la vida, incluyendo lo que es beneficioso y lo que es nocivo, tanto para nosotros como para los demás.
Estos son aspectos que nos pertenecen y que podemos cuidar y aprender a manejar de manera más consciente y responsable. La Terapia Gestalt trabaja de forma eficaz con todo ello.
Nos enseña a estar enraizados en el presente, en contacto con nuestra experiencia.
Desde aquí miramos al pasado, para comprendernos y transformar aquellas experiencias en las que nos quedamos bloqueados.
Desde aquí miramos hacia adelante, para crear nuestro futuro.
Por todo ello, la Terapia Gestalt impulsa el autoconocimiento, la autorrealización y los cambios que necesitamos en cada momento de la vida.
Nota: Dejo al final de todo un comunicado de la Asociación Española de Terapia Gestalt y otro del Ministerio de Sanidad a propósito del reconocimiento de la validez de la Terapia Gestalt como enfoque terapéutico.

Si quieres saber más
A lo largo de mi práctica, he ido consolidando una manera de comprender la Terapia Gestalt que me gustaría compartir.
Lo primero que quiero destacar es lo sencillo y primordial de su planteamiento de base. Esto no quiere decir que se trate de un proceso fácil, pues nos estamos manejando con la complejidad de la persona y sus asuntos, lo que requiere un tiempo de trabajo continuado. Por “sencillo y primordial” me refiero a la cualidad de aquello en lo que nos asentamos durante el proceso terapéutico.
El punto de partida de la Terapia Gestalt, según lo expone Fritz Perls —su creador, junto con Laura Perls—, es la importancia de desarrollar la capacidad de darse cuenta, que todos tenemos en mayor o menor medida.
Los problemas que requieren atención, los síntomas que presenta quien acude a terapia, suelen deberse a un déficit en la conciencia de sí y de lo que le ocurre. Es decir, hay algunas cosas de las que no se da cuenta, que no puede ver por sí misma, y por ello repite determinados comportamientos, actitudes y situaciones que causan malestar y sufrimiento.
En Gestalt entendemos que estamos constituidos por múltiples cualidades o aspectos opuestos entre sí. Cada uno de ellos es necesario en mayor o menor grado, según la situación en la que estemos. Somos muy complejos, pero tendemos a aceptar sólo algunos de nuestros aspectos, y a rechazar aquellos que nos dan miedo o que juzgamos negativos.

Originariamente, esto fue necesario para sobrevivir en un entorno que en alguna medida nos resultaba hostil. Mantener esta postura a lo largo del tiempo, sin embargo, nos quita autenticidad y nos empobrece, nos deja con menos recursos para afrontar las dificultades con que nos encontramos y realizarnos de forma satisfactoria.
Por ello, en Terapia Gestalt buscamos ampliar la capacidad de darse cuenta de la persona, para que pueda reconocerse en todo lo que es: su riqueza emocional y expresiva, sus necesidades, capacidades y deseos, así como sus limitaciones reales. Este desarrollo de la conciencia de sí promueve una vida más profunda y gozosa, más autónoma y capaz, menos condicionada por el pasado.
La Terapia Gestalt es una terapia eminentemente experiencial. El terapeuta se ocupa de facilitar que la persona esté en contacto con su experiencia y que pueda observar cómo, en ocasiones, la evita. También es tarea del terapeuta ayudarla a comprender los motivos que tiene para eludir lo que le está ocurriendo y acompañarla para que pueda ir más allá de su territorio conocido. A veces, esto requiere cuestionar ciertas ideas y actitudes con las que se está interfieriendo inconscientemente en la propia evolución.
El aprendizaje que supone este camino se apoya en múltiples recursos, entre los que destacan el diálogo y la atención a lo sensorial y emocional, así como técnicas expresivas y corporales, el uso de la imaginación, la propuesta de experimento y la elaboración de los sueños. Asimismo, se pueden proponer tareas para fuera de la sesión.
La relación terapéutica es fundamental: el buen entendimiento entre quien consulta y el terapeuta es necesario para el desarrollo y la efectividad de la terapia. Además, la persona puede repetir en el vínculo con el terapeuta patrones de comportamiento que, cuando son disfuncionales, encuentran aquí una oportunidad de exploración y cambio.
Un proceso terapéutico gestáltico puede ir más allá de la disminución y resolución de dificultades y síntomas concretos, pues posibilita adentrarse en un conocimiento profundo de sí mismo, sobre todo cuando la persona puede permitirse los momentos de vacío y de no saber.
La finalización de la terapia no significa cumplir con todas nuestras expectativas ni alcanzar el ideal de persona que imaginábamos. Algunas expectativas se cumplen y otras no, porque no son posibles de cumplir o ya no nos interesan. Sin embargo, ocurre que se abren expectativas nuevas cuando uno descubre deseos y capacidades con los que no contaba.
Y ocurre también que el ideal se ha aflojado y ha dejado de ser una cárcel. Entonces, queda abierta la posibilidad de ser la persona que uno es, con sus puntos fuertes y sus limitaciones, con sus luces y sus sombras, más madura. Y todo ello puede vivirse con mayor tranquilidad y aceptación.
Disponer de confianza y flexibilidad para seguir adelante aprendiendo de la vida, entendiéndose con su dolor y sus alegrías, y sintiéndose más vivo, no es poca cosa.
Inés Martínez (diciembre 2025)
Notas:
Tal como dice la Asociación Española de Terapia Gestalt en su web, «la Terapia Gestalt es un enfoque terapéutico reconocido por la APA (American Psychological Association) como una de las principales corrientes del movimiento humanista-existencial. Comparte con el mismo el reconocimiento de la libertad y la responsabilidad asociada, la conciencia de uno mismo y del entorno, la capacidad de elección y la facultad de autorregulación como características principales de la naturaleza humana».
Por otro lado, según un notificación de la AETG de 2025, «El Ministerio de Sanidad ha comunicado a la Asociación Española de Terapia Gestalt (AETG) oficialmente que la Terapia Gestalt queda excluida del listado de técnicas en revisión dentro del Plan de Protección de la Salud frente a las pseudoterapias».
La Terapia Gestalt concede especial importancia al desarrollo de la conciencia, pues de aquí nace la posibilidad que todos tenemos de encontrar nuestro equilibrio y una vida más plena.
Se centra en cultivar la capacidad de darnos cuenta en diferentes áreas:
lo que sentimos, pensamos y hacemos
nuestros deseos, talentos y necesidades
nuestra forma de funcionar y de estar en la vida, incluyendo lo que es beneficioso y lo que es nocivo, tanto para nosotros como para los demás.
Estos son aspectos que nos pertenecen y que podemos cuidar y aprender a manejar de manera más consciente y responsable. La Terapia Gestalt trabaja de forma eficaz con todo ello.
Nos enseña a estar enraizados en el presente, en contacto con nuestra experiencia.
Desde aquí miramos al pasado, para comprendernos y transformar aquellas experiencias en las que nos quedamos bloqueados.
Desde aquí miramos hacia adelante, para crear nuestro futuro.
Por todo ello, la Terapia Gestalt impulsa el autoconocimiento, la autorrealización y los cambios que necesitamos en cada momento de la vida.
Nota: Dejo al final de todo un comunicado de la Asociación Española de Terapia Gestalt y otro del Ministerio de Sanidad a propósito del reconocimiento de la validez de la Terapia Gestalt como enfoque terapéutico.

Si quieres saber más
A lo largo de mi práctica, he ido consolidando una manera de comprender la Terapia Gestalt que me gustaría compartir.
Lo primero que quiero destacar es lo sencillo y primordial de su planteamiento de base. Esto no quiere decir que se trate de un proceso fácil, pues nos estamos manejando con la complejidad de la persona y sus asuntos, lo que requiere un tiempo de trabajo continuado. Por “sencillo y primordial” me refiero a la cualidad de aquello en lo que nos asentamos durante el proceso terapéutico.
El punto de partida de la Terapia Gestalt, según lo expone Fritz Perls —su creador, junto con Laura Perls—, es la importancia de desarrollar la capacidad de darse cuenta, que todos tenemos en mayor o menor medida.
Los problemas que requieren atención, los síntomas que presenta quien acude a terapia, suelen deberse a un déficit en la conciencia de sí y de lo que le ocurre. Es decir, hay algunas cosas de las que no se da cuenta, que no puede ver por sí misma, y por ello repite determinados comportamientos, actitudes y situaciones que causan malestar y sufrimiento.
En Gestalt entendemos que estamos constituidos por múltiples cualidades o aspectos opuestos entre sí. Cada uno de ellos es necesario en mayor o menor grado, según la situación en la que estemos. Somos muy complejos, pero tendemos a aceptar sólo algunos de nuestros aspectos, y a rechazar aquellos que nos dan miedo o que juzgamos negativos.

Originariamente, esto fue necesario para sobrevivir en un entorno que en alguna medida nos resultaba hostil. Mantener esta postura a lo largo del tiempo, sin embargo, nos quita autenticidad y nos empobrece, nos deja con menos recursos para afrontar las dificultades con que nos encontramos y realizarnos de forma satisfactoria.
Por ello, en Terapia Gestalt buscamos ampliar la capacidad de darse cuenta de la persona, para que pueda reconocerse en todo lo que es: su riqueza emocional y expresiva, sus necesidades, capacidades y deseos, así como sus limitaciones reales. Este desarrollo de la conciencia de sí promueve una vida más profunda y gozosa, más autónoma y capaz, menos condicionada por el pasado.
La Terapia Gestalt es una terapia eminentemente experiencial. El terapeuta se ocupa de facilitar que la persona esté en contacto con su experiencia y que pueda observar cómo, en ocasiones, la evita. También es tarea del terapeuta ayudarla a comprender los motivos que tiene para eludir lo que le está ocurriendo y acompañarla para que pueda ir más allá de su territorio conocido. A veces, esto requiere cuestionar ciertas ideas y actitudes con las que se está interfieriendo inconscientemente en la propia evolución.
El aprendizaje que supone este camino se apoya en múltiples recursos, entre los que destacan el diálogo y la atención a lo sensorial y emocional, así como técnicas expresivas y corporales, el uso de la imaginación, la propuesta de experimento y la elaboración de los sueños. Asimismo, se pueden proponer tareas para fuera de la sesión.
La relación terapéutica es fundamental: el buen entendimiento entre quien consulta y el terapeuta es necesario para el desarrollo y la efectividad de la terapia. Además, la persona puede repetir en el vínculo con el terapeuta patrones de comportamiento que, cuando son disfuncionales, encuentran aquí una oportunidad de exploración y cambio.
Un proceso terapéutico gestáltico puede ir más allá de la disminución y resolución de dificultades y síntomas concretos, pues posibilita adentrarse en un conocimiento profundo de sí mismo, sobre todo cuando la persona puede permitirse los momentos de vacío y de no saber.
La finalización de la terapia no significa cumplir con todas nuestras expectativas ni alcanzar el ideal de persona que imaginábamos. Algunas expectativas se cumplen y otras no, porque no son posibles de cumplir o ya no nos interesan. Sin embargo, ocurre que se abren expectativas nuevas cuando uno descubre deseos y capacidades con los que no contaba.
Y ocurre también que el ideal se ha aflojado y ha dejado de ser una cárcel. Entonces, queda abierta la posibilidad de ser la persona que uno es, con sus puntos fuertes y sus limitaciones, con sus luces y sus sombras, más madura. Y todo ello puede vivirse con mayor tranquilidad y aceptación.
Disponer de confianza y flexibilidad para seguir adelante aprendiendo de la vida, entendiéndose con su dolor y sus alegrías, y sintiéndose más vivo, no es poca cosa.
Inés Martínez (diciembre 2025)
Notas:
Tal como dice la Asociación Española de Terapia Gestalt en su web, «la Terapia Gestalt es un enfoque terapéutico reconocido por la APA (American Psychological Association) como una de las principales corrientes del movimiento humanista-existencial. Comparte con el mismo el reconocimiento de la libertad y la responsabilidad asociada, la conciencia de uno mismo y del entorno, la capacidad de elección y la facultad de autorregulación como características principales de la naturaleza humana».
Por otro lado, según un notificación de la AETG de 2025, «El Ministerio de Sanidad ha comunicado a la Asociación Española de Terapia Gestalt (AETG) oficialmente que la Terapia Gestalt queda excluida del listado de técnicas en revisión dentro del Plan de Protección de la Salud frente a las pseudoterapias».
A PARTIR DE AQUÍ V 1.0
Tal como menciona la Asociación Española de Terapia Gestalt (AETG), la Terapia Gestalt es un enfoque terapéutico reconocido por la APA (American Psychological Association) como una de las principales corrientes del movimiento humanista-existencial. Comparte con el mismo el reconocimiento de la libertad y la responsabilidad asociada, la conciencia de uno mismo y del entorno, la capacidad de elección y la facultad de autorregulación de la persona.
https://aetg.es/terapia-gestalt
La Terapia Gestalt
Lo primero que me gusta destacar de la Terapia Gestalt es lo sencillo y primordial de su planteamiento de base. Esto no quiere decir que se trate de un proceso fácil, pues nos estamos manejando con la complejidad de la persona y sus asuntos, cuyo tratamiento requiere un tiempo de trabajo continuado por ambas partes, paciente y terapeuta. Por sencillo y primordial me refiero a la cualidad de aquello en lo que nos asentamos durante el proceso terapéutico.
El punto de partida de la Terapia Gestalt, según lo expone Fritz Perls —su creador, junto con Laura Perls—, es la importancia de desarrollar la capacidad de darse cuenta, que todos tenemos en mayor o menor medida. Los problemas que requieren atención, los síntomas que presenta la persona se deben principalmente a un déficit en la conciencia de sí y de lo que le ocurre. Es decir, que hay algunas cosas de las que no se da cuenta, que no puede ver por sí misma, y por ello repite determinados comportamientos, actitudes y situaciones que son causa de un malestar y un sufrimiento que le complican la vida.
En Gestalt entendemos que somos seres polares. Esto significa que estamos constituidos por múltiples cualidades o aspectos opuestos entre sí, cada uno de ellos necesario en uno u otro momento. Pero tendemos a aceptar sólo ciertos aspectos, a la vez que rechazamos aquellos que no encajan en el concepto o el personaje que hemos construido de nosotros mismos. Originariamente, esto fue necesario para sobrevivir y apañarnos en un entorno que en alguna medida nos resultaba hostil. Sin embargo, mantener esta postura hace que perdamos autenticidad y nos empobrece, nos deja con menos recursos para resolver las dificultades con que nos encontramos y para realizarnos de forma satisfactoria.
En Terapia Gestalt buscamos restaurar la capacidad de darse cuenta de la persona para que pueda reconocerse en todo lo que es: su riqueza emocional y expresiva, sus necesidades, capacidades y deseos, así como sus limitaciones reales. Esta amplificación de la conciencia de sí promueve una vida más profunda y gozosa, más autónoma y menos condicionada por el pasado. Esto es así incluso cuando se dan circunstancias difíciles, pues uno se encuentra con que no tiene por qué ponerse palos en las ruedas luchando contra sí mismo y contra el mundo. Todo ello requiere trabajar también la biografía personal.
La Terapia Gestalt es una terapia eminentemente experiencial. Facilitar al paciente que esté en contacto con su experiencia y que vea cómo hace para evitarla es tarea del terapeuta. Asimismo, es su tarea ayudar al paciente a comprender los motivos que tiene para eludir lo que le está pasando y acompañarle para que pueda ir más allá del territorio conocido. A veces esto requiere cuestionar o confrontar determinadas ideas y actitudes con las que la persona interfiere inconscientemente en su terapia.
Este aprendizaje tiene lugar atendiendo lo que sucede en el momento presente, durante la sesión de terapia, a partir de aquello que comunica el paciente. Los recursos son múltiples e incluyen el diálogo, la atención a lo sensorial y emocional, técnicas expresivas, el uso de la imaginación y la propuesta de experimento, entre otros. Asimismo, se puede proponer tareas para fuera de la sesión.
La relación entre paciente y terapeuta tiene un lugar muy importante, dado que el buen entendimiento entre ambos es necesario para el desarrollo de la terapia. En esto, como en todo lo demás, la capacidad de escucha del terapeuta es fundamental. Y, por otro lado, el paciente repite en el vínculo con el terapeuta ciertas pautas de su relación con los otros y consigo mismo, así que la relación terapéutica es una ocasión muy conveniente para trabajarlo y que le sirva para su evolución.

Considero que un proceso terapéutico gestáltico puede tener una repercusión importante, que va más allá de la disminución y resolución de dificultades y síntomas concretos. Esto, con ser muy necesario, no lo es todo. La Terapia Gestalt supone también una posibilidad de adentrarse en un conocimiento profundo de sí mismo, que se ve propiciado cuando la persona puede permitirse los momentos de vacío y de no saber.
La finalización del proceso terapéutico no supone que uno se encuentre con todas sus expectativas cumplidas, ni habiendo logrado ser el ideal de persona que pretendía. Hay expectativas que se cumplen y otras que no, porque no son posibles de cumplir o a uno ya no le interesan.
Lo que ocurre es que el ideal se ha aflojado y ha dejado de ser una cárcel. Entonces, queda abierta la posibilidad de ser la persona que uno es, con sus puntos fuertes y sus limitaciones, con sus luces y sus sombras, más madura. Y todo ello puede vivirse con mayor tranquilidad y aceptación. Disponer de confianza y flexibilidad para seguir adelante aprendiendo de la vida, entendiéndose con su dolor y sus alegrías, no es poca cosa.
